UNA DESPEDIDA COMO DEBE SER:

HISTORIA #INDECENTE
 
Ese fin de semana había vuelto a La ciudad por dos motivos: el primero, era para contar una buena noticia, ya que en el trabajo me habían dado una beca para ir a hacer un curso por 6 meses a Milán en Italia. Y la segunda, era el cumple de mi papá.
 
Y había una tercera, que esperaba que se diera: despedirme de Lucas. Es el mejor amigo de mi hermano, fueron al colegio juntos desde la primaria. Mis padres con los de él se hicieron amigos. Y por eso, es que el sábado a la noche vinieron a cenar a mi casa para el festejo del cumple, además de mi tío y unos primos. 
 
Cuestión, que Lucas también estaba presente. Y se enteró de mi viaje ahi. En un momento de la noche nos quedamos solos y nos pusimos a charlar. Le conté como venía la historia, me deseó suerte no sin antes dejarme bien en claro que me iba a extrañar… y que me quería hacer una buena despedida. 
 
Terminamos hablando casi pegados. Nuestros cuerpos tienen un imán que nos acerca. La química que tengo con él, no la tuve nunca con nadie. El sólo escucharlo susurrarme al oído que me quería comer y dejarme temblando antes que me vaya me hizo mojar. Le di un pico y volví a la mesa, porque sino, lo violaba ahi nomás. 
 
Durante la cena me senté bien en frente. Nos torturamos con las miradas de una forma cada vez más alevosa. Yo me mordía los labios, sacaba la lengua, comía abriendo bien la boca y saboreando el tenedor como si fuese su pene. 
 
Él miraba y me quería saltar encima. «Te voy a hacer mierda» me decía moviendo los labios. «Cogeme bien duro» le respondía yo. Mi hermano se dio cuenta y lo tuvo que codear a Lucas para que paráramos porque ya nos estábamos pasando.
 
Cuando terminamos de cenar, mientras levantaban la mesa, desaparecí. Me fui a mi habitación. Agarre el celu y le escribí «ven a mi pieza YA». Al rato, apareció. Abrió despacio la puerta, y ahi me encontró. Apenas asomó la cabeza, lo agarré del brazo y lo metí a la fuerza adentro. Cerré la puerta y me lo guaye con todo. 
 
Él no se quedó atrás. Se dio vuelta y me estampó contra la puerta. «Después me haces la despedida tu… primero me despido yo», le dije y sin despegar la espalda de la puerta fui bajando hasta quedar casi sentada. Desabroché despacio el cinturón, abrí los botones del jean y de un tirón lo dejé en bolas. Su verga ya estaba semiparada esperando por mi boca. 
 
La agarré y empecé a pajearlo mientras lo miraba con cara de deseo. Lucas conocía esa cara. Me agarró de los pelos y me metió a la fuerza su verga en la boca. Con sus manos en mi cabeza, acompañaba mis movimientos que metían y sacaban su pene, que se volvía cada vez más grande tocando mi garganta. Paré para respirar, pero él casi no me dejó descanso y volvió a metermela de golpe.
 
Me paró tirándome de los pelos y me dio un beso que me empapó toda. Metió sus dedos en mi vagina, los sacó y me los mostró. Agarré su mano y me los metí en la boca chupando todos mis flujos. «Que puta que eres! Me encantas!» dijo mientras volvía a guiarme en el camino hacia su verga. 
 
Otra vez arrodillada frente a él, agarré lo que pude de su pene con mis manos y me metí el resto en la boca. Ahora la chupada era más profunda (una forma de decir, no llego ni a la mitad) y sacaba la boca despacio rozando mis labios con su tronco y su cabeza. Aceleraba la paja mientras la chupada la hacía más lenta. 
 
De pronto, un golpe en la puerta nos interrumpió. Era mi hermano. «Ey es tupidos! se que están ahi, están por cortar la torta y preguntan donde están!». «Ahi voy», le grité. Sin dejar de mirarlo a Lucas le dije «me voy a tener que apurar», haciendole pucherito. Lo empecé a pajear fuerte. Se notaba que estaba por acabar. «Juli, no vas a ensuciar tu cuarto, no??» me dijo con una clarísima doble intención. «Por supuesto que no… pienso dejar limpito todo todo». 
 
Terminé de decir esto y Lucas metió su pija en mi boca. En segundos empezó a inundarla con un torrente de leche que no paraba de salir. Me estaba empezando a rebalsar. Puse mis manos bajo mi boca para que lo que sobraba, cayera ahi.
 
Cuando terminó de acabar, me levanté y miré mis manos. Estaban llena de leche (y eso que había tragado un montón). «Levántame la blusa «, le dije a Lucas. En un movimiento rápido me pegué las manos a la panza desparramando toda la leche mientras me reía a carcajadas de la cara de Lucas. Cara de «no puedes ser tan zorra». 
 
Salimos de a uno, y volvimos al cumple de papá. Pude leer de los labios de mi hermano «putita» seguida de un guiño y una sonrisa. Por suerte, me tocó un hermano muy alcahueta. 
 
Cuando la fiesta ya estaba termiando, me fui a mi habitación nuevamente a cambiarme ya que a la noche salía con las chicas. Grata sorpresa fue cuando volví y los padres de Lucas se estaban yendo, pero él no. Se quedaba con mi hermano a jugar play. Ese «jugar play» sabía que tenía un doble sentido. 
 
«Así vas a salir?», dijo mi papá  cuando aparecí. «Dejala, es joven no siente el frio» dijo el padre de Lucas. Hacía frío  y yo andaba con un topcito hasta el ombligo, pollerita de jean medias y sandalias . Mi papá  saltó con eso más por la pinta de gata que por el frio, creo. Siempre fui cuidadosa que no me viera salir vestida asi, pero en esa oportunidad no me quedó remedio. 
 
Al costado, Lucas me violaba con la mirada. Sentía sus ojos clavados en mi cola deseando arrancarme todo. Se acercó y me dijo: 
 
-Sabes que hoy no sales, no? 
– Ah no?- le dije acercando mi cola a sus piernas. 
– No. Voy a terminar lo que empezamos… 
– Ahhh… bueno, capaz te esté esperando en mi cuarto… 
 
Dicho eso, di media vuelta y me fui a mi habitación a escuchar música, a esperar la hora que me pasaban a buscar. Pasó un rato, y la puerta de mi habitación se abrió. Era Lucas. Caminó despacio hasta donde estaba y empezó a acariciarme las piernas. Cada vez subía más, hasta que dejó mi pollera en la cintura. Con sus manos agarraba con firmeza mi cola. 
 
No se aguantó y me pegó una nalgada fuertísima. «Pará tonto, que se escucha todo!» le dije riéndome. Sin ningún otro tipo de preámbulo se bajó el pantalón. Su pene saltó firme y yo la agarré y me la metí en la boca. Lucas estaba parado y yo sentada en el borde de mi cama mojando con mi saliva todo su tronco. 
 
Luego de un rato, me empujó y levantando mis piernas se arrodilló. Jugó un poco con sus dedos en la entrada de mi vagina y luego empezó a rozarla con su lengua. Yo me mojaba a chorros. De golpe, me clavó un dedo y enterró su boca en mi clítoris. Me dio un oral fenomenal que me hizo acabar y temblar un largo rato.
 
Se levantó y apuntó su verga en mi vagina. Sentía como me chorreaba de la acabada anterior. Mis piernas seguían temblando. Me la clavó sin piedad hasta el fondo. Me tapé la boca para no gritar (mis padres duermen en la habitación de al lado). Me cogió de una forma bestial. Como si fuera la última (de hecho, lo iba a ser por varios meses). Agarré mi almohada y la mordí porque me volvía loca. Me sacaba casi toda la verga y la clavaba con una fuerza que me hacía sentir que me desarmaba. 
 
Lo agarré y lo acosté en la cama. Me senté arriba y despacio, me fui enterrando el matafuego de mi macho. Despacio, empecé a moverme para adelante y atrás, acostumbrando a mi hoyito a ese inmenso pedazo de carne. Luego, empecé a subir. Y bajar. Cada vez con más ritmo. El roce de nuestros cuerpos me hizo acabar de nuevo, más intensamente que el anterior. 
 
No me podía mover. Mientras me recuperaba, Lucas me dio vuelta y me tiró a la cama. Me puso en 4 y empezó a chuparme la vagina y la colita. Me encendí de nuevo. Me agaché y levanté la cola para facilitarle la tarea. Me dejó la cola bien mojada, lista para que uno de sus dedos empiece a jugar. 
 
Mientras, su lengua se enterraba en mi vagina que ya estaba pidiendo más. «Dame.. Dame, comeme que soy tuya» le susurraba entre gemidos. Se puso detrás mio y me la enterró en la vagina. Sus dedos seguían jugando en mi colita y ya estaba con ganas de que me la dejara bien abierta. 
 
En lo mejor de la cogida, suena mi teléfono. Era mi amiga que estaba en la puerta con el taxi para salir. Me quería matar!! Lucas se detuvo, para que pudiera hablar, pero sin sacar la verga de adentro. El cabron la movía despacito, y se me hacía dificil hablar. Como pude le dije que me esperara. 
 
– Ay hijo de putaaa!! no podía hablar!! 
– Si no te hice nada… peor hubiese sido que te haga esto…- terminó de decir eso, y me pegó una cogida salvaje que aun recuerdo. Se trepó literalmente arriba mio y me comió como a una perra en celo. Yo tenía la cara en la almohada . «Acaba que me tengo que ir!!» le gritaba. Obediente, sacó su pene y me llenó la espalda de leche. 
 
Agarré un suéter  viejo que uso para dormir y le pedí a Lucas que me limpiara la espalda. Sacó y desparramó algo. Sentía la remera toda pegoteada sobre mi piel, pero no tenía tiempo de nada. Le di un beso de despedida pero él agarrándome de los pelos me arrodilló y me hizo chuparle la pija. «límpiala», me ordenó. 
 
Se la chupé hasta que se le durmió de nuevo, dejandola limpita de leche. Me paré y agarrándolo de los pelos le dije «pasame a buscar… llevame a tu casa y me das el chance». Lucas me agarró de la cintura y me estampó contra la puerta. Me dio un beso y me dijo «como se pide?»… Al muy hijo de puta le gusta que le ruegue. y a mi me gusta ese jueguito asi que con mi mejor voz de zorra le repetí la oración: «pasame a buscar y me das el chance … por favor». 
 
Salí apurada, pero antes dejé una nota en la mesa: «me quedo de Agus, no vuelvo a comer». Me fui a bailar, pero mi cabeza estaba en lo que iba a pasar después. A pesar de la cogida que me había pegado, me había quedado caliente y con ganas de más. A la mitad de la noche, no aguanté más… Le mandé un mensaje a Lucas para que me pasara a buscar. Les dije a las chicas que me había caido mal la comida y que me iba. Me disculpé y desaparecí. 
 
En la puerta ya estaba Lucas, esperandome en el auto. A las 2 cuadras frenó el auto y sin apagar el motor, se bajó los pantalones. Ni lo dudé. Me agaché y empecé a chuparle la verga hasta que llegamos a su departamento. Paré cuando bajamos del auto, y seguí en el ascensor. 
 
Cuando llegamos a la puerta, me puso de espaldas a él y apoyó mis manos en las escaleras. Levantó mi pollera y tocó mi vagina . «Mirá que mojada que estás… se meterá la verga así de una??» decía mientras me clavaba la verga, que resbalaba adentro mio. Me cogió un rato en la escalera hasta que me levantó y me metió adentro. 
 
Me llevó a la habitación. Me trataba como a una esclava. Me arrastraba para donde quería y me encantaba. «Qué me pediste cuando te fuiste?». El hijo de puta quería seguir jugando. «Que me des el chance, por favor» le dije poniéndome en 4 entregándome por completo. Me chupó la cola y el clitoris, me metió los dedos… hasta que estaba lista. 
 
Y no dudó. Apoyó la cabeza de su verga y ya me empezaba a doler. Pero sabía bien como manejar semejante pedazo. Me relajé y mi colita empezó a tragarse poco a poco ese pedazo de carne. Cuando él sintió que se había acostumbrado, empezó a sacarla y meterla. Aca no había que cuidarse más que de los vecinos, que creo ya me conocían. Asi que mis gritos con cada embestida de Lucas se hacían sentir. 
 
No daba más. Me dolía todo. Le pedí que parara. Esperaba otra vez el lechazo en la espalda pero no. Dejó su verga adentro y dejando metida solo la cabeza acabó. Sentí un chorro caliente de leche en mi interior. Era la primera vez que me lo hacían. Fue extraño, pero también muy exitante sentir como su verga latía con cada lechazo. Cuando la sacó me desplomé en la cama. Me quedé dormida abrazada a Lucas. 
 
A las 2 horas nos levantamos y tiramos de nuevo. Estuvimos asi todo el día. Dormiamos, cogíamos, comíamos algo, cogíamos. Hasta que volví a mi casa. Me llevó hasta la puerta. Estaba a horas de irme y no me importaba si me veían llegar con él. Algún día se tenían que enterar. Casi llorando lo abracé y lo besé. 
 
«Te voy a extrañar niña, cuidate». Esto me gustaba de él. En la cama era un salvaje que me trataba como una putita, pero afuera me hacía sentir tan segura y valorada como nadie lo hizo jamás. Me bajé del auto y entré a mi casa a terminar de armar las valijas. Tenía un viaje de 6 meses en Europa por delante.
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