BENDITA CUARENTENA

HISTORIA #INDECENTE

En estos días el mundo está pasando por muchos problemas más de lo normal, un virus llamado Coronavirus o Covid 19 se expandió por todas partes empezando por Asia hasta cualquier rincón del planeta, el gobierno ante tal propagación determinó cuarentena obligatoria.

Mi nombre es Gabriel, vivo con mi esposa y dos hijos en un edificio, soy un hombre atlético , me gusta hacer ejercicio en las zonas verdes del edificio, a veces con un poco de música para activarme un poco, a muchos de mis vecinos les caigo bien menos a una vecina que dice que no debo entrenar en paños menores, hemos tenido varios problemas y discusiones por varias situaciones, su nombre es Angélica, aunque no me caía bien no me impidió hacerle un escrupuloso escaneo visual, rubia, delgada, buenas tetas, buenas nalgas, bella sonrisa, también es casada, con un señor 20 años mayor que ella, todo esos buenos atributos lo opacaba su actitud amargada siempre, quizás es por la manera de vivir con el “viejo Pedro” como le digo yo.

Estando en tiempos de cuarentena no volví a verla durante algunos días, una mañana iba saliendo del edificio al súper mercado, la veo que viene alegando sola, le pregunte por cortesía a ver qué le pasó, me dijo que no pudo hacer las compras ya que tuvo un problema al mostrar la cédula, como yo iba hacia allá le ofrecí comprarle las cosas que necesitaba, sorprendentemente me dijo que si y se montó en el carro. De camino al súper todo era silencio, ella tenía una blusa escotada que se le veían los senos firmes y perfectos, para romper el hielo le pregunte por el viejo Pedro y su hija, me respondió firme y cortante, y ahí fue donde le pregunte:

 – ¿Por qué te caigo tan mal si no he hecho nada?

– ¿Tu a mí?, no para nada, bueno sabes que si, dijo ella

– A ver, ¿por qué?, pregunté

– Eres muy exhibicionista, por ejemplo ahora con ese suéter ajustado y short que se te marca todo…

Mi reacción solo fue de carcajadas y también pensando que me estaba observando como yo a ella. Seguimos hablando normal limando asperezas, me entrego su lista para mercar, me espero en el carro, cuando estoy metiendo las bolsas en el baúl veo que me está mirando, ya de regreso al edificio, me preguntó por los ejercicios que hacía y las rutinas, en esas me dice que su marido, el Sr Pedro no la dejaba ir al gym porque después tendría muchos pretendientes, le dije que no me sorprende eso, teniendo una mujer así de bella también la cuidaría de esa manera, le pareció un poco inusual mi respuesta y se sonrió…

Mi mente empezó rápidamente a imaginar y una ola de deseo me nubló, me imaginé a mí mismo allí abajo, recorriendo su cuerpo con mi boca, besando su cuello desnudo, entre su escote, acariciando sus pezones, metiendo mi mano y mis dedos entre sus piernas, entre los labios de su húmeda y resbaladiza vagina. Tuve una tremenda erección casi al instante y se me ocurrió besarla sin importar que pasara.

– Lo siento, no sé qué decir. No lo esperaba. Me dijo mirándome fijo y sumamente sorprendida.

-¿Te molesto?, pregunté

– Soy Casada, pero ante todo soy mujer y tenerte así tan cerca, con ese short que se te marca todo, y verte tan excitado por mi me pone a mil

Oír aquellas palabras me había provocado una erección más protuberante y noté que se había dado cuenta por su mirada a mi paquete.

No dudé un instante y me acerqué nuevamente para besarla, pareció no esperarlo pero no me rechazó y se entregó por completo a aquel primer beso que poco a poco se volvía más intenso y profundo. No sé si pasaron segundos o minutos, estaba completamente entregado a su boca y a su lengua, sentí su excitación y unos leves gemidos. Era el momento de avanzar, abandoné su boca un instante y besé y chupé su cuello, arqueó la cabeza hacia atrás totalmente entregada a mi boca. Mis manos querían abarcar todo su cuerpo, con la derecha apartaba su pelo para tener pleno acceso a su cuello y oreja, mientras con la izquierda agarraba su culo. Busqué sus pechos, allí estaban, le quite la blusa, quedaron libres, tenían el tamaño perfecto. Vestía una blusa holgada y un pantalón de tela, Mi boca bajó por su cuello hasta llegar a sus senos, besé y lamí buscando desesperadamente sus pezones que ya estaban duros, esperando el contacto con mi boca y mi lengua húmeda y caliente. Al sentir mi boca gimió y agarró mi cabeza con fuerza pero no me dejó más de unos segundos, apartó mi cabeza y me miró totalmente #INDECENTE, comenzó a agarrar mi short, y sin decir una palabra bajo su cabeza buscando mi verga. No dudó en metérsela en la boca y empezar a chuparla con un deseo, creí que me moría de gusto, sentía su lengua húmeda y caliente, succionaba, salía de su boca y volvía a entrar, su saliva mezclada con mis fluidos se escapaba por entre sus labios rosados y brillantes.

– Quiero que te vengas en mi boca, dijo.

Oír eso casi provoca que me venga en ese mismo instante, tuve que esforzarme para no hacerlo, aunque tampoco pude aguantar mucho más. Solté un gemido ahogado y me entregué a aquel maravilloso orgasmo mientras ella succionaba hasta la última gota de mí.

– Deseaba hacer esto desde la primera vez que te vi entrenando en el jardin.

– Ha sido mucho mejor de lo que había imaginado, contesté intentando contener los leves espasmos de mis piernas. ¿Estás preparada?, ahora te toca a ti.

Sin importar que estábamos cerca del edificio, estábamos en lo de nosotros, nos pasamos para los asientos traseros, y se acomodó de tal forma que le hiciera un gran oral, y como no darlo si tenía una hermosa vagina, depilada , y con buen olor, bajé lamento rápidamente su clítoris, chupándolo y halándolo levemente con mis labios, para después soltarlo y darle varias lamidas, metiéndole dos dedos de mi mano derecha en su vagina penetrándola rápida y suavemente sin dejar de lamer y chupar su clítoris, sus gemidos y su cara de #INDECENTE dictaba que estaba haciendo las cosas bien. Empezó la cuenta regresiva para su orgasmo… – No pares, sigue sigue! , me decía con placer y desespero. Succionaba su vagina y sus piernas apretaron mi cabeza fuertemente, el momento del orgasmo llegó con un gemido fuerte y de gozo…eso me excito tanto para ponerme erecto e introducir mi pene en su húmeda vagina, nos saciamos de sexo como si nos hiciera falta hace mucho llegando al clímax al mismo tiempo, nos quedamos viéndonos fijamente cuando una frase dicha por ella un poco fuera de lugar pero acertada para nosotros por las cosas que estaban pasando en el mundo… “Bendito Coronavirus, Bendita Cuarentena”.

Regresamos al edificio, cada uno por su lado, nos pasamos números y quien diría que unos vecinos que se caían mal por situaciones inesperadas ahora irían a “mercar” más seguido.

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