ASÍ ME CONVERTÍ EN LA PUTA DE MI PADRASTRO:

HISTORIA #INDECENTE

Yo soy de un Pueblo lejano de la Capital. Hija única de una madre soltera que con esfuerzo me envió a La Universidad de la Capital. Mi mamá no habrá podido darme todos los gustos pero me dio buena genética y con mis curvas me las arreglaba para divertirme y tener salidas más que interesantes. Cómo toda chica joven al salir me gusta rozar los excesos. Esta historia tiene que ver con uno de esos excesos y la serie de eventos que desencadenó.
 
En uno de mis viajes por vacaciones me encontré con un «nuevo integrante» en mi grupo familiar. Aprovechando la casa sola o tal vez como consecuencia de la soledad por mi ausencia, mi mamá me había contado que conoció a un hombre. El nombre de William se hizo demasiado recurrente en nuestras llamadas y era el momento de conocer al nuevo amor de mi madre. Al llegar a la terminal ahí estaban: mi mamá con un tipo trigueño de pelo entrecano, peinado para atrás, muy bien vestido que tenía lentes negros estilo Ray Ban. 
 
Cuando me acerqué mi mamá me dio un abrazo largo como siempre y después me presentó a mi «nuevo papá». Con una sonrisa el tipo se me acercó para darme un beso en la mejilla
– William mucho gusto – dijo muy nervioso
– Si, me hablaron mucho de ti – dije yo más suelta
– Espero que bien – responde con una risa para romper el hielo. Aún sin conocerlo bien se notaba tenso.
Enseguida mi mamá lo mandó a que me ayudara con el bolso que pesaba. 
– Pobre está nervioso, ya cuando se afloje vas a ver que es muy simpático –  dijo mamá
– Todo bien ma, me imagino – 
– Ahí viene, tenemos el carro por allá – comentó para mi sorpresa
– Carro?!, ah vaina…  – Nosotras no tenemos carro, por eso pregunté.
– Si es ese de allá el negro, es el de Will – 
Yo de carros no sé nada pero era uno grande y si no era cero kilómetro pasaba raspando.
Mientras íbamos para casa yo miraba en el espejo a mi flamante padrastro. Más allá de su actitud nerviosa había algo que me llamaba la atención. Tenía cara conocida pero no sabía de dónde.
 
Al llegar a casa la tensión se hizo más evidente. Mamá estaba en su mundo y no paraba de hablar pero yo me daba cuenta que estaba incómodo. Se había quitado los lentes de sol y ahora ya no tenía dudas de que me esquivaba la mirada cada vez que quedábamos de frente. A favor del tipo hay que decir que lo primero que hice al llegar a casa fue quitarme el buso que tenía y mis pechos se hicieron más notorios con el sueter deportivo que traía puesto, mi cola no era un problema en ese momento pero al ver su actitud me quedé pensando si no me la habría mirado cuando venía detrás nuestro con mi bolso, después de todo mis nalgas suele atraer miradas. Supuse que estaría asimilando mi figura y lo incomodaba eso así que por un rato deje de perseguirme con su actitud hacia mí.
 
Seguí hablando con mi mamá y él se hizo una sombra. Estaba ahí pero casi no hablaba si no era cuando mi mamá le preguntaba algo para completar una de sus tantas anécdotas. 
En una de ellas me contaba sobre una salida que habían tenido y bromeaba sobre la impuntualidad de William y le dice
– Todavía tenías el carro gris no? – 
– Si, el Negro lo saqué en Abril – respondió Will que me miraba para ver mi reacción.
Entonces me di cuenta. Ya sabía de donde lo conocí y evidentemente el me recordaba a la perfección.
Vi como abría los ojos al notar mi sonrisa en el momento que hablaron del carro.
Todo se remontaba a mi primer año en la universidad. Cómo nos pasa a todas fue un año de mucho descontrol en todo sentido y ese torbellino no se detenía cuando volvía a mi tierra natal.
En un fin de semana largo volví a mi pueblo de visita y salimos a bailar con mis amigas. Lo habitual hasta ahí: baile, bebidas y algunos pesados tratando de levantarme. Con las chicas acostumbramos apostar a ver cuántas veces van a insistir los chicos atraídos por mi cola y mis pechos. No es por ser mala con mis amigas pero al salir con ellas sobresale más mi figura. Ellas lo saben y por eso hacemos ese juego interno.
 
Lo que nos sacó un poco de ese clásico juego fue la irrupción en el bar de un grupo de hombres muy ruidosos que entraron todos juntos y haciendo bastante problema. Parecía una despedida de soltero ya que traían a uno sin camisa. Tenía escritas frases graciosas en el torso. Nosotras nos reímos un poco de la situación, eran tipos de más de cuarenta, algunos de un poco más. 
Se acomodaron muy cerca de la barra y andaban en barra. Nosotras en un momento nos acercamos para comprar una cerveza y ahí fue.
 
Entre ese grupo, bastante borracho, estaba William. Obviamente en ese momento todavía no salía con mi mamá y de hecho ni siquiera se conocían. Con mis amigas pasamos empujando un poco para llegar a la barra. Esa noche tenía puesta una camisa gris bastante abierta, venía medio despeinado. Ese detalle me causó gracia. Habrá notado que lo miré porque enseguida se me acercó. 
 
– Qué van a comprar chicas? – recuerdo que dijo coqueteando mientras llamaba al barman
– Una cerveza- dijo una de las chicas media risuaña.
Sacó la billetera como buen buitre y nos sirvió a cada una. 
– Lo mejor para el final – dijo al darme a mi acomodándose su pelorebelde.
Un par de cuarentones más de su grupo se habían acercado acompañarlo y estaban hablando a mis amigas, así que tenía todo el escenario a favor. Yo la verdad no era de meterme con tipos grandes pero esa actitud de levante clásico y trillada me divertía.
 
Los ojos se le iban a cada rato a mi escote pero era elegante para mirar, eran segundos y disimulaba.
Yo había salido como para que mis dos nenas se vieran bien. Una blusa negra sin corpiño con un escote que no dejaba dudas que debajo no había nada más. Para contrastar tenía una camisa blanca bien al cuerpo y volvía al negro con las botas. Pero como dije las que resaltaban esa noche eran mis tetas y por eso la tira de mi cartera cruzada quedaba en el medio para que se marcara más la forma de cada una.
 
William parecía entender a la perfección que yo había salido con la intención de tener algo de acción. 
Me agarró de la mano y nos fuimos perdiendo del grupo en la pista. 
El baile no era su mayor virtud así que era obvio que no era por amor al baile que estaba tan interesado en sacarme. Yo en cambio ya estaba metida en el juego de seducción así que le bailaba meneando la cadera y le hacía cara de #INDECENTE mientras él me agarraba de la cintura y acompañaba mi meneo pegándose bien. Su mano había bajado hasta la parte de arriba de mi cola. No la agarraba bien de las nalgas.
Yo le sonreía un poco cuando empezó ese toqueteo sutil. 
Así que me acarició el cuello y se animó a besarme. Me gustaba su sutileza pero en ese juego de contrastes yo era la brava. Apenas me besó le abrí la boca bien y fui con lengua a full. 
A mi futuro padrastro le encantó esa actitud y la sutileza de sus caricias dejó paso al manoseo más directo y obsceno que se puedan imaginar. 
 
– Vamos a otro lado hermosa – me dijo con un susurro ronco de tipo caliente
– No puedo irme sin las chicas – le dije histérica un poco pero él lo tomo en serio
– Y si vamos a dar una vuelta en mi auto y venimos? Total es temprano – Improvisó. La idea me gustó
Le avise a las chicas y mientras me iba vi como secreteaban y se reían. Me conocen y saben a lo que iba.
Salimos del bar y ahí estaba el auto gris con vidrios polarizados. El mismo que tenía cuando empezó a salir con mi mamá un tiempo después. Me abrió la puerta y arrancó para el lado de la playa.
 
Íbamos despacio así que aprovechaba para acariciarme la pierna.
Subimos hasta un mirador que se encuentra en la parte más alta del pueblo y paramos pasando ese lugar. Un poco más escondidos de las luces de los carros que suelen ir hasta ahí y volver. Apenas se detuvo me agarró de nuevo el cuello, esta vez sin ninguna sutileza.
Yo me subí a su falda y tiré la cartera en mi asiento. Entendió la señal y me bajó los breteles de la blusita.
– Pero que pedazo de tetas que tienes mi amor – dijo y se tiró a chupar como loco
– Ay si. Te gustan? – le dije entre suspiros muy provocativos
– Gustarme? Me encantan! – me respondió medio ahogado por mis pechos.
Yo movía la cintura y sentía como se le iba armando una tremenda carpa en el pantalón
Para aumentar la erección lo agarraba del pelo y nos comíamos la boca a pura lengua.
Me subió la camisa hasta la cintura y me apretaba la cola fuerte. Yo ya movía todo el cuerpo sobre su excitado pene que estaba muy apretado en el pantalón. 
Los vidrios ya se habían empañado por completo con nuestros alientos agitados solo faltaba una cosa. 
El sonido de su cinturón y la bragueta fueron los puntos suspensivos. Me estiré y agarré un forro de mi cartera.
– Ah bueno pero que nena #INDECENTE, vienes preparada para la guerra – me dijo con una risa agitada
– Vamos a ponerle el casco a ese soldado – le dije mordiendo el paquete y agarrando su verga entre mis manos pajeándolo suavemente. Envolví ese pedazo gordo y sentí un calor en la vagina por lo que iba a meterme. Él metió un dedo en mi tanga desde atrás y la corrió a un costado. Me mojé bien mi cosita con los dedos aunque ya estaba bastante húmeda y me fui sentando en esa tremenda verga. Mientras iba bajando él reclinaba el asiento. Me tiré sobre él besándolo y él me agarró del culo de nuevo pero esta vez los dos nos movíamos, yo quebraba la cintura y él bombeaba fuerte. Se sentía el ruido del auto sacudiéndose a nuestro ritmo y los gemidos de los dos ocultos por la noche a oscuras en ese lugar apartado.
 
Me mordía los pezones para hacerme gritar más y me cogía cada vez más fuerte. Mi cola sonaba con los choques de su cuerpo. Su verga entrando hasta los huevos me volvía loca.
Fue un buen rato de mucho placer y cuando estábamos al borde del clímax me colocó lentamente un dedo en el culo. Lo metió bien adentro y exploté. Orgasmo total que anuncié con un gritado gemido. Ese fue su límite ya que se notaba que venía haciendo fuerza para irse y mi orgasmo fue su autorización. Sentí el globo llenarse y nos quedamos un par de segundos así, él con toda la camisa abierta y yo en tetas acostada sobre su piel dándonos unos besos ya más suaves mientras daba los últimos meneos en su verga.
Nos acomodamos y volvimos para el centro. Ya faltaba poco para el cierre del bar. Me reuní con mis amigas que estaban ansiosas por saber todo y él volvió a su pequeña celebración, me causó un poco de gracia que al llegar lo recibieron con la misma euforia que habían entrado. Todos sabían lo que había pasado. Nunca me imaginé que ese loco y apasionado Will era el famoso William de mi mamá por eso no los asociaba. 
 
Estoy segura de que él me reconoció desde el primer momento y por eso tanto nervio. Se había comido a su hijastra y seguramente temía que mi mamá se entere que su príncipe azul era más bien verde. Tan segura como eso estaba que desde que hablaron del auto gris él ya se había dado cuenta que lo reconocí. Lo supe porque al ver mi mirada de complicidad se paró y se fue al baño. Aproveché y le dije a mamá que me iba al cuarto a dejar el bolso. Lo esperé en el pasillo a que saliera y lo molesté.
– Así que te gusta la madre y la hija – le reproché juguetona
– Te juro que no sabía que tú eras . En las fotos que tiene te ves tan diferente – era obvio fotos familiares, sin casi nada de maquillaje no es lo mismo que verme en persona.
– El carro que tienes ahora se ve más cómodo para seguir donde nos quedamos – le dije guiñándole el ojo y me volví con mamá. Ese comentario lo dejó muy caliente y esa calentura no iba a quedar ahí.
 
Esos días siguieron así, entre provocaciones camufladas. Me sentía bastante puta de andar calentando al novio de mi mamá, un poco traicionera pero a decir verdad yo lo vi primera. No era mi culpa la tensión sexual que había entre los dos. Él no se quedaba atrás, en el movimiento cotidiano, casi de familia que hacíamos cuando estábamos los tres, aprovechaba de pasar detrás de mi y apoyarme para que sienta como la tenía. Los dos actuábamos delante de mi mamá pero la calentura iba aumentando.
 
Una noche mamá salió al cine con su mejor amiga y yo me quedé sola en casa. Era un día de semana y no había mucho para hacer así que me busqué una peli. Cuando estaba más o menos a la mitad me llega un whatsapp de William. «Me enteré que estas sola» y antes de que le responda otro más «quieres que te cuide?». Era un poco morboso ese juego de nena y papi viniendo de él pero le seguí el juego «si papi, la nena esta solita» y una foto de mi boca haciendo puchero. «Voy para allá» escribió a toda velocidad.
Yo estaba con la blusa que uso para dormir que es una blusa estirada que uso de camisón pero me puse una tanga tipo hilo dental. Me metí en el baño y me maquillé bien perra. Cuando ya estaba hecha una gatita me solté el pelo para completar. 
 
Cuando le abrí la puerta y me vio pude ver que sus ojos eran pura calentura. Me repasó de pies a cabeza como pensando por donde iba a arrancar. Me daba mucho morbo que me mirara de esa forma, sin tener que esconder sus intenciones como hacía cada vez que estaba mi mamá. Había lujuria en esos ojos.
– Estás más buena que esa vez, cada vez más buena te pones – me dijo agarrandome de la blusa y tirando hacia su cuerpo. Yo me dejé llevar por la inercia y quedé pegada a él. Iba directo a mi boca pero yo se la corrí. Mientras mi pelo recorría su cara en ese beso fallido, una de sus manos empezó a subir dentro de mi blusa buscando una de mis tetas. Desde el primer día mis nenas eran su obsesión. Con la otra se agarró de mi cola que estaba expuesta en su totalidad con esa mini tanguita.
 
– No puedes darle besos en la boca a tu hijita – le dije con el mismo tono irónico e #INDECENTE de los mensajes
– Que hija de puta eres. Que quiere la nena de su papi? – me preguntó caliente y resignado
– La última vez que la nena jugo con papi se quedó con ganas de tomar la leche – respondí con la voz de nenita que estaba haciendo desde el principio. Esta vez fui yo la que se encargó de abrirle el cinturón y el pantalón. Se lo bajé junto con su bóxer y salió esa venosa verga que me había llenado hacía tiempo.
– Así que quieres leche, acá te la voy a dar – me dijo notablemente excitado. Sin duda los días de contenerse lo tenían muy caliente y mi look de regalada lo terminó de enloquecer.
 
Me llenó la boca con su verga que ya estaba dura casi por completo. A decir verdad hacía tiempo quería probar ese pedazo. La fui metiendo de a poco en mis labios ante su atenta mirada. Las muecas de placer en su cara eran de lo más variadas. Yo sentía como a medida que mis labios avanzaban y retrocedían su tamaño aumentaba. Aumentaban también las muestras de excitación en su cara. No eran solo gestos, eran suspiros, gemidos, exclamaciones. La estaba pasando genial y yo sentía como la saliva en mi boca se espesaba por los líquidos preseminales que brotaban producto de su excitación. Todo era muy lento. Jugaba con su ansiedad pero era un hilo que se estaba por cortar. Apenas llegaba hasta la mitad de su enorme miembro con mis mamadas y eso era mucho menos de lo que pretendía de mí.
 
– Dale perra, trágatela toda – me ordenó pero en vez de confiar en mi habilidad para el sexo oral decidió tomar las riendas. Agarró con fuerza el pelo de mi nuca provocando que grite fuerte. Lo más fuerte que se podía con toda esa carne en la boca. Enseguida ese tirón se convirtió en empujón. Yo lo miraba recriminadora al sentir como me ahogaba con su enorme glande. Le daba golpes en las piernas con mis manos abiertas. Pero entre más arcadas hacía yo, más gozaba él. Los ojos se me pusieron llorosos y sus gemidos se hicieron profundos. Sentía como se abría paso por mi garganta y volvía a aflojar solo para volver a intentar un poco más adentro. Mi boca desbordaba y mis ojos maquillados en exceso iban tiñendo mis mejillas con un camino negro y aguado de lagrimas con rimel.
 
– Si vieras lo puta que te ves! estás perfecta – dijo y empujó con fuerza otra vez. Me estaba penetrando la garganta. La sentía llegar hasta lugares que ningún otro había traspasado. Siempre supe que era grande pero no que fuera a meterla tanto. Sus ojos se pusieron en blanco por unos segundos y pensé que finalmente iba a acabar pero en vez de eso soltó mi pelo y yo instintivamente me corrí hacia atrás. Mientras tosía algunos hilos de saliva espesa cruzaban de la punta de su pene a mis labios.
 
Él aprovechó para sacarse el pantalón que seguía amontonado en sus tobillos y sacó el cinturon.
– Dale ve para la cama – me ordenó dándome con el cinturon suave en la cola.
– Ay ya voy – le dije poniendo mi mano atrás para que no siga y para darle el gusto corrí para mi cuarto. 
Will corrió detrás mio con una sonrisa total. Era como un chico que al fin tenía su ansiado juguete.
Cuando llegué a mi cama me senté a los pies y me saqué la blusa quedando con la tanga sola. 
– Ese hilo dental me está quemando la cabeza. Chúpame un poco los huevos y te voy a culear como a ti te gusta – me pedía con la cara roja de la calentura. Su peinado ya era la cabeza de un espantapájaros. Me excitaba mucho como se transformaba hasta en eso por la calentura. 
 
Le lamí y chupé un rato los huevos mientras se pajeaba con ganas. Los tenía duros, había mucha leche ahí para mí. Se ve que mamá no estaba cumpliendo bien por mi visita. 
Al estar más desnuda, también se excitó con mis tetas porque me empujó para atrás y las empezó a chupar y morder. Las apretaba y trataba de juntar lo más posible mis pezones. Su lengua iba de uno al otro. Y sus dedos esquivaban sin problemas mi fina tanga y recorrían los mojados labios de mi vagina, el sonido de la humedad brotando al entrar sus dedos era muy delator. Estaba tan caliente como él. Se dio cuenta y empezó a jugar con mis ganas. 
Mojó sus dedos y los pasaba por mi clítoris ansioso. La velocidad de su mano me hacía temblar de placer. La espalda se me arqueaba instintivamente buscando más y más goce. Mis gemidos sonaban a súplica y eso le encantaba, pero sus ganas eran más fuertes que su morbo.
 
Me puso de espaldas y mientras me corría la tanga me pegó unas cuantas lamidas. Yo estaba acomodada en cuatro esperando mi premio. Lo que aquella vez había sido de una ahora estaba tan rodeado de morbo por la relación casi parental que se hacía eterna la espera. Estaba por abrir un condón cuando le dije
– La quiero sentir de piel a piel esta vez – Los ojos le brillaron al escuchar mis palabras y sin ninguna sutileza me la enterró. Yo grité porque no esperaba que fuera tan directo y eso pareció detenerlo por un momento pero en cuanto me di vuelta y lo miré mordiéndome los labios supo que era momento de ir por más.
– Que hermosa te ves así mi putita – me dijo mientras terminaba de entrar y recorría mi espalda con su mano. Con la otra estaba afirmado en mi cadera y se impulsaba para bombear con ganas.
Me sacudía toda. Hacía tiempo no sentía ese pedazo en mi cosita y esta vez los dos estábamos mucho más excitados. No era un rapidito con un desconocido en el auto, me estaba cogiendo al novio de mi mamá y me estaba tratando como si fuera su gato.
 
– A mamá la coges así también? – le dije para alimentar ese morbo
– No bebe así cojo con vos que sé que te encanta la verga – me dijo sacudiéndome con más ganas
– Quiero que me bañes en leche – le dije sacada por la tremenda cogida que me daba mi padrastro
– Claro que si mi amor – Me pegó una cachetada en la cola y la sacó de mi vagina. Me hizo girarme para chuparme las tetas mientras me cogía. Me estaba matando a vergazos y me chupaba y manoseaba las tetas. La experiencia anterior ya le daba pistas de cómo me gustaba. Descargaba todo el peso de su cuerpo en cada embestida. Yo lo apretaba con mis piernas y él sabía que eso era un orgasmo en puerta. Sentía los espasmos recorrer mi cuerpo hasta que finalmente ese orgasmo llegó. 
 
Cómo la primera vez se había dado el gusto de hacerme llegar al clímax y esta vez iba a cumplir con mi pedido. Yo estaba tan excitada que no reaccioné hasta que lo sentí poner sus piernas alrededor de mi torso. Acomodó su venoso y empapado pedazo entre mis tetas y los dos escupimos a la vez entre ellas. Yo las junté con mis manos haciendo que tragaran el imponente pene. Se comenzó a mover nuevamente. La cara en su rostro colorado y sudado era de enteramente de satisfacción. Si algo le gustaba y miraba todo el tiempo eran mis tetas y ahora las gozaba como nunca antes. 
 
Gemía a gritos y para completar su excitación yo saque mi lengua para que su glande la tocara al emerger de mis apretadas tetas. Fue tal la química sexual entre los dos que ese fue exacto el detalle que le faltaba. En uno de esos contactos con mi lengua ya no pudo resistirse más y el primer salto de semen cruzó mi cara siguió usando mis pechos y uno más no tan largo llegó a la mitad de mi mejilla. Yo los esperaba con la boca abierta y los ojos cerrados. La leche brotaba por mi cuello y al final uno último menos potente que los otros brotó y él lo esparció por mis tetas dejándolas brillantes.    
 
– Qué ganas de culearte que tenía – me confesó 
– Cómo la pegaste, tienes madre e hija – bromeaba jugando con su semen de mis dedos a mi lengua.
Si hay una cosa que me gusta es el sabor y la textura de una acabada fresca.
– Pero la hija es una bomba en la cama – me respondió admirado por como jugaba con su semen.
Nos quedamos jugando un rato más en la cama y finalmente se vistió y se fue mucho antes que llegue mi mamá. Toda la noche seguimos escribiéndonos a la espera de nuestro próximo encuentro.
Era la puta de mi padrastro y saben qué? ¡Me encantó serlo !
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