DELIRIO LABORAL

HISTORIA #INDECENTE

Mi nombre es Daniel, el de ella… la desafortunadamente casada, Carolina, con dos hijas, muy correcta, una hermosa mujer de cabello largo castaño, lindo rostro con nariz fileña, ojos color miel, labios carnosos, tetas firmes tirando a grandes, buen cuerpo, buen culo y voluptuosas piernas.
Nuestro primer encuentro fue algo fugaz en la fiesta de la empresa, los tragos llevaron a otra cosa, y no paso de solo besos, y agarradas, pero las ganas quedaron al igual que la pena que sentía ella al verme, la única vez que se refirió al tema fue para decirme que fue un error.
A partir de nuestro breve pero delicioso “cuerpo a cuerpo” en la fiesta de la empresa, frecuentemente pensaba de qué manera convencerla o como metérmele para terminar lo que esa noche empezó.
No admitió nuevos besos ni caricias, cuando cruzábamos palabras de vez en cuando, cortaba de inmediato la conversación y/o alejándose del lugar del encuentro.
La oportunidad se me presentó inesperadamente en un evento corporativo, en la capital. Nosotros por tener buenos números en ventas nos escogieron junto con 3 compañeros más. Entre los invitados con escaso o ningún margen para negarse, estábamos Carolina y yo. El viaje, breve, consistía en dos noches alojados y un día de trabajo, en el mismo hotel y el regreso en vuelo de la mañana del tercer día.
A la tarde de la salida, me crucé con Julián el marido. Fue a llevarla junto con las hijas al aeropuerto, hablamos un rato y le dio gusto conocerme, ya que Carol le había hablado muy bien de mí y del grupo de trabajo.
Le dije que, era una ejecutiva muy capaz y eficiente, que estaba muy contento de lo que habíamos hecho juntos y la “apoyaría” en lo que pudiera.
Al despedirnos, me dio la mano y me agradeció todo lo que estaba haciendo por la esposa.
Me dio algo. Si, algo raro, ya que no sabía que tantas ganas le tenía a su esposa y que planeaba tirármela en el pequeño viaje. El segundo golpe de suerte (además del evento) fue que al hacer el check-ing, aproveché para pedir el asiento a su lado – las otras dos mujeres del grupo ya habían elegido viajar juntas –
Durante el vuelo hablamos cosas laborales, personales y familiares. la charla giró sobre las preferencias y los gustos de cada uno. Me pareció que encajaba entre sus gustos, el deseo por ella. El pasajero del tercer asiento (del grupo de tres) parecía profundamente dormido.
Me envalentoné y dije:
-¡La que me gusta es prohibida, la que más me gusta eres tú!- le susurré al oído y le “estampé” un beso en la mejilla, que volteo la cara pero su cabeza no pudo ir más allá del vidrio de la ventanilla.
-¡Daniel! …. ¿Otra vez con lo mismo? … ya para – susurró volviendo la cara hacia mí.
El segundo beso fue a parar, fugaz, en sus labios y mi mano izquierda en sus piernas.
-¡Detente Daniel…. Nos pueden ver!- murmuró en voz baja.
Era entre molestia y gusto. Por el resto del viaje me contuve de intentar nuevos besos pero mi mano, en los repetidos “toco y me voy” alcanzó su entrepiernas, haciendo caso omiso a sus, apenas audibles “no, no, …., quédate quieto”. Percibí que su boca decía no pero su mente quería terminar lo que empezó aquella vez.
Ya en el hotel, cenamos en grupo con los compañeros, fue una noche divertida y muy amena.
Terminada la cena, con reserva y prudencia, la invite a tomar una “whisky o guaro” u otra cosa en el bar. Me dijo que no, que quería acostarse temprano para estar bien en el evento del día siguiente. Le dije que la acompañaba hasta su cuarto que estaba en el mismo piso que el mío. No puso problema.
Tomamos juntos el ascensor al 5to. Piso. Cuando abrió la puerta de la habitación y amagó despedirse de mí, le tomé la cara entre mis manos y le di un beso en la boca.
Me empujó la cara:
– ¿No te dije que no mas, que ya? –
y dio un paso atrás pretendiendo cerrar la puerta. Con el pie, como traba, no dejé que lo hiciese.
Pareció estar realmente enojada pero yo, estaba lanzado:
-Tranquila, quédate tranquila, déjame entrar, estamos haciendo escándalo. Nos puede ver alguien de la empresa-
-¿Por qué no te vas? No quiero hacer nada contigo.-
Presioné un poco más la puerta, dejó que se abriera, entré y la cerré detrás de mí.
-Carolina, no puedo contigo. Las ganas son más fuerte que yo- y la abracé.
-No, no y noooo ….. Esto es mala idea, tenemos que acabar esto-
La sentí entregada entre mis brazos, me miró y la besé en la boca, con un beso largo e intenso mientras la apreté con más fuerza. Me devolvió el abrazo y participó del beso, abriendo los labios.
La llevé alzada hasta la cama, la acosté, me ubiqué al lado, a decirle halagos, besarle labios y cuello y acariciarle las tetas por encima de la blusa.
-¿Te sientes bien conmigo?-
-¡Claro que sí! … después me arrepiento…. es una estupidez…… somos dos estupidos. –
Comencé a desabotonar la blusa. La senté para sacársela junto al brasier. Tras besos, manoseo y chupones en las tetas, le quite las sandalias, el pantalón, las medias. Quedó en cachetero blanco y al parecer avanzado estado de humectación, al tacto.
De pronto se puso de pie, me miro fijamente y metió sus manos en los botones de mi camisa. Ahí ella abrió la sábana de arriba. Volvimos a acostarnos, a besarnos y yo, a manosearle las tetas (perfectas a mi gusto). Sus gemidos de placer la delataban. Bajé de los labios y cuello a sus pezones grandes y duros a besarlos, lamerlos y mordérselos suavemente:
-Despacitooo…. Me vas a dejar marcas. –
-¿Te gustan más los besos, las lambidas o los mordiscos?-
-¡Todooo … me vas a enloquecer – (me decía ella ya con cara de #INDECENTE)
Me dejó sobar, manosear, chupar y morder, lascivamente gimiendo y suspirando.
-Ahora me toca a mí – dijo en voz alta, mientras se erguía sentada, me bajó el cierre, agarró la verga parada y se la metió en la boca. Estaba desmedida, tenía la verga agarrada muy fuerte, la chupaba con goce, luego la besaba con ansiedad mientras me manoseaba los testículos.
En peligro inminente de venirme rápido y quedar en vergüenza además de no haber usado la Piedra #INDECENTE, la tomé del cabello, la acosté boca arriba y la besé bien fuerte:
-Pensé que eso no hacían las señoras. –
Le arranqué el cachetero, levantó y abrió las piernas, me fui a chuparle la vagina, recontra mojada, le metía la punta de la lengua, la retiraba y le entraba con el dedo medio y repetía la secuencia mirandola.
Me acomodé sobre su cuerpo con los ojos en sus ojos. Ella predispuso la verga a la entrada de la vagina y, con los ojos bien abiertos, me volvió a regalar la carita #indecente de goce, mordiéndose el labio inferior, mientras la penetraba hasta el final. Tal como quería cogerla desde hace meses antes.
El mete y saca, además de gemidos, suspiros y grititos, fue conversado:
-¿Qué tal lo que tienes adentro, Caro?-
-Me enloquece-
-¿Más que todas las otras que te metieron?-
-Siiii … más que la única otra-
-¿Te hago el amor mejor que tu marido?-
-Siiii … eres mejor que Julian …… y ¿yo, …….. Hago el amor mejor que tu mujer …. Cristina?-
-Siii … nada que ver ….. Eres muchismo mejor.-
Ahí se agotaron las palabras, la cogida fue creciendo en intensidad y goce. Se volvió desorden, suspiros, gemidos, locura a dúo hasta gritarnos de placer los orgasmos. Había “juntado” tanta leche durante meses de calentura reprimida, que la eyaculación se me antojó desmedida.
Ya bajado la calentura, saciados, momentáneamente los apetitos, hablamos largos minutos, lado a lado.
Me pidió que me fuera a mi cuarto porque, de lo contrario, no íbamos a descansar convenientemente, para estar con dignidad la convención del día siguiente.
Quedamos tras negativas, oposiciones, polémica y protestas pasar la siguiente noche juntos.
Me bañé, cuando volví, aun desnudo ella me dio un beso de despedida. La abracé y metí manos en sus nalgas desnudas:
-¿Alguna vez te dieron por el culito?-
-¡Noooo … nunca lo dejé a Julian-
-Mañana estamos de estreno, entonces –
-Ni lo sueñes, …. y vete ya-
Me vestí y, con las precauciones del caso – oído pegado a la puerta – salí del cuarto.
Ya en mi habitación volví a llamar a mi esposa Cristina – todo bajo control en casa – “Sin nada destacable en mi primer día de viaje”.
Con “gusto amargo” por mi hipocresía, encendí la televisión para matar el tiempo antes de dormirme.
La noche siguiente, después de la cena grupal, no hubo pérdida de tiempo en la puerta del cuarto de Carolina.
Ya desvestidos y en pleno fogueo mutuo y demás deleites de juegos previos a la cogida propiamente dicha, sonó el teléfono:
-¡Hola Julian! ¿Todo bien, como vas y las niñas?-
Dejé mi mano quieta apoyada en la vagina para no interferir.
-……..-
-¿Yooo? Bien y aburrida esperando el vuelo de mañana-
-……..-
-Si, interesantes los temas. …. Mucho trabajo por aca-
-……..-
-Te veo mañana en casa. Besos a las niñass y otro para ti. –
cerro la llamada y se quedó un poco mal pero, al rato, volvió meterse de lleno en el juego previo. Previa chupadas de vagina y verga, como la noche anterior, volvió a quedar ensartada y bien cogida.
Después de una pausa de energías, salpicada de palabras dulces, suaves caricias y besos, comencé a manosearle las nalgas, a acariciarle el ano y, por fin le metí el primer dedo.
-Te veo venir Daniel….voy a intentar darte el gusto pero… si me duele… Paramos… ¿Siii?-
-¡Dale!-
Como ya venia preparado con el sensibilizador anal que había comprado en la Store de Los Indecentes. Lo saque, unte un poco en su ano alrededor y me puse una buena cantidad de saliva en la verga, la di vuelta boca abajo, le lubriqué mas el ano con su flujo vaginal, me subí y se la fui metiendo y sacando despacito y con precaución:
-¡me duele un poquitooo!- se quejó
-¿Quieres que paremos aquí?-
-¡Nooo sigue un poquito más!–
Conseguí metérsela toda casi sin quejas adicionales, pasé al entra y sale con mucha cautela, hasta que percibí que gemía y acompañaba levantando la cola cuando yo bajaba la pelvis y con ella, reintroducía el miembro. Dejé la precaución y reserva. La culeé fuerte y profunda hasta el orgasmo.
Acostados, lado a lado, abrazados, Carolina reconoció haber disfrutado del sexo anal, que lo había evitado, durante años, por temor pero, de todos modos, prefería “de aquí a la China” el modo convencional.
También hablamos de nuestra relación. Quedamos que era “inmoral, perversa, inescrupulosa” y potencialmente dañina para nuestras familias – que amamos – pero que, si se presenta la ocasión no podemos evitar ceder a la atracción mutua.
¡Imaginen! Nos encontrábamos solos, a kilómetros de casa, desnudos, en una cama ¿Qué podía pasar para terminar la noche? Culeamos, por tercera vez, en pose cucharita con besos, caricias, manoseos en clítoris, tetas y muchos más orgasmos.

Volvimos del viaje y se enfriaron las cosas un poco, la calentura que tenía hacia ella se apagó al ver a mi mujer de regreso, quizás lo que paso en el viaje… se quedó en el viaje.

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